Abr
23
2014

Cómo evitar el pánico escénico

¿Te pone nervioso presentar ante una audiencia? Si aprendes a controlar tus creencias podrás ser un gran conferencista.

Por P. Meyers y S. Nix
10-10-2012

Lo que determina cómo te sientes son las cosas en las que eliges enfocarte. La mayor parte del tiempo no nos tomamos siquiera la molestia de elegir, sólo dejamos que nuestra mente divague. En este modo automático, el cerebro escoge enfocarse primariamente en el miedo. ¿Por qué? Porque el ser humano está construido para evitar el peligro. 

Por lo general nuestra mente se enfoca gracias a las preguntas que nos hacemos. Cuando haces una pregunta, el cerebro inmediatamente responde. No obstante, al encontrarse frente a una audiencia, la mayoría de la gente se hace preguntas que los dirigen a enfocarse en el miedo y no en su objetivo.

Piensa en una pregunta típica que te harías en esta situación: “¿Me harán preguntas difíciles?” El cerebro, que se inclina primero hacia lo negativo, busca una respuesta. Entonces, el cerebro dice: “¡Sí!” Y en ese momento empiezas a sentirte nervioso y a sudar. Te preguntas: “¿Estoy lo suficientemente preparado?” El cerebro busca y la respuesta es: “¡No!”.

Preguntas como “¿Qué me falta?” y “¿Sabré las respuestas?” podrían parecer preguntas inteligentes. Pero en realidad éstas te sabotean puesto que las respuestas sólo pueden producir un estado negativo. Por eso, la solución está en hacerte otra clase de preguntas.

La forma en la que controlas el enfoque del cerebro es cambiando las preguntas internas que te haces. Pregúntate cosas con una presunción implícita del mundo. Por ejemplo, la pregunta “¿Qué es lo mejor de esta oportunidad?” contiene la presunción de que hay algo positivo en ella que aún no has notado. Lo que necesitas es buscar este tipo de preguntas con presunciones poderosas. Esto hará que el cerebro produzca una mejor respuesta y un sentimiento de emoción y no de terror. 

Hacerte las preguntas indicadas antes de presentarte ante el público es una forma efectiva de controlar tu estado de ánimo. De esta manera programas a tu cerebro con metas lo que te hará recibir respuestas que te impulsen y no que te estanquen.

La composición de una buena pregunta es muy específica. Contiene una presunción que te fuerza a pensar en nuevas posibilidades. En otras palabras, se trata de preguntarte “¿Cómo lograré el éxito?” y no “¿Tendré éxito?”. 

Sé persistente con tu cerebro. Una vez que recibas una respuesta, pregúntate de nuevo. De una a cuatro semanas antes del evento es cuando exploras todo lo que podría salir mal en tu conferencia o pitch. Por eso, 10 minutos antes de salir no puedes preguntarte “¿Dolerá si fracaso?” Necesitas poner tu atención en tu estado y hacerte sólo preguntas que favorezcan tu performance. 

Es posible que hayas sentido miedo al enfrentarte a una audiencia en el pasado. Las probabilidades comprueban que fueron tus creencias, y no la audiencia en sí misma, le que te dio dolor de estómago. Al final, tus creencias sobre ti mismo como orador determinarán cómo te desempeñas.
 
Los seres humanos no sólo acumulamos hechos, sino también constantemente los interpretamos para contar una historia y darle sentido a lo que nos rodea. Así es como aprendemos. Las creencias le dan sentido a las cosas que pasan, de tal manera que las usas como si fueran lentes: ves a través de ellas. Pero hay una realidad sobre las creencias: Siempre son verdaderas para ti, y no te importa si también lo son para los demás. Por ejemplo, si crees que no puedes mantener la atención de la audiencia porque eres demasiado nuevo, viejo, joven, hombre, mujer, introvertido, etc. 

Si percibes que estás en peligro de ser juzgado, atacado o ridiculizado, esa percepción es lo único que cuenta. Los receptores en tu cerebro responden de la misma manera sin importar si el ataque es o no real. Si entras a una habitación llena de personas con doctorados y tu creencia fundamental es que no eres lo suficientemente inteligente como para hablar del tema inconscientemente buscarás todas las formas de confirmar esa creencia. En la otra mano, si crees que tienes una perspectiva única de esta situación y ésta es tu oportunidad para demostrarlo, todo -desde la forma en la que entras a la habitación hasta en la que te diriges al grupo- será diferente. 

Si después de estar frente a una audiencia tienes una mala experiencia, te contarás una historia a ti mismo de lo ocurrido. El peligro está en la creencia que se genera a partir de esa historia. ¿Es posible que te hayas creado una creencia de ese momento que te ha evitado regresar a los reflectores?” Algo como, “Nunca he sido bueno haciendo esto, y nunca lo seré”.  

No siempre puedes controlar las situaciones a tu alrededor. Pero sí puedes controlar tus creencias. Y controlar tu creencia cambiará tu estado físico y de ánimo. 

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