Sep
16
2014

Supera la carga emocional de emprender

Dar el paso de empleado a empresario no es fácil. Debes prepararte mentalmente para enfrentar los nuevos retos.

Por Marissa Sánchez
10-19-2012

En México, 65% de las nuevas empresas desaparece antes de cumplir dos años de operaciones; de esta cifra, 66% fracasa por falta de capacitación adecuada y oportuna. Este dato, publicado por Isaías Morales Nájar en el documento Las Pymes en México, entre la creación fallida y la destrucción creadora, resulta por demás revelador –incluso aterrador–.

No basta tener buenas ideas, sino que se requiere de una preparación en áreas clave como administración, mercadotecnia y ventas; pero fundamentalmente, una firmeza moral y emocional. Y para dar el primer paso en esta carrera de resistencia, hay que considerar igual de importante una preparación personal –sentimental, intelectual y familiar– para enfrentar los retos que trae consigo ir más allá de tener un negocio.

Iris Sánchez, fundadora y directora general de los centros de cuidado personal Novalaser, vivió el proceso de empleada a emprendedora y, posteriormente, de emprendedora a empresaria. “Tenía un puesto con mucha proyección en un gran corporativo; sin embargo, vi cómo cada vez se empleaba gente más joven dispuesta a hacer lo que fuera por poco dinero y yo no quise ese tipo de situaciones en mi futuro”, recuerda.

Luego de mucho meditar, la joven renunció a ese trabajo de ensueño en 2005 y casi de inmediato aparecieron los primeros detractores. “Las críticas más fuertes vinieron de mis amigos, les costaba mucho entender por qué le daba la espalda a un gran empleo por ‘una tiendita’. A eso súmale las historias de fracaso”, comparte Iris.

Cómo cambiar de actitud

El primer análisis personal debe aparecer desde la época de emprendimiento. “Ser desempleado no significa estar desocupado”, advierte Ricardo Shahin, coach y director general de CIR México, consultora en estudios de satisfacción del cliente y programas de lealtad. Y, a decir del experto, éste es uno de los principales retos del exterior que debe enfrentar el emprendedor.

Pero cuando se trata de él mismo, Rigoberto Acosta, coach y director general de Coach Latinoamérica, detecta tres principales errores al dejarse llevar por las emociones:

Mala actitud. El emprendedor se siente pequeño, sus acciones son de corto alcance y carece de una certidumbre acerca del futuro de su negocio. 
No hay disciplina ni enfoque. Si el dueño es desordenado, los resultados serán pobres.
No hay inversión en entrenamiento para el empresario. El dueño debe prepararse si quiere hacer crecer su negocio.

La experiencia de lidiar con tantos emprendedores le ha permitido a Acosta detectar estas situaciones. Iris por ejemplo, tras la renuncia, vio que había cometido un error: fue ingenua. A pesar de que tenía estudios en sistemas computacionales y experiencia laboral, carecía de una preparación profesional para emprender. Esto la llevó a buscar capacitación en la incubadora de negocios del Tecnológico de Monterrey.

“Ahí me di cuenta de que no estaba sola, que la mayoría de los emprendedores tenemos que lidiar con los mismos problemas profesionales y personales”, relata. Y así, a finales de 2005 concluyó el año con dos sucursales propias de Novalaser. 

Dueño, no esclavo

Los primeros seis meses como emprendedora, Iris dedicaba a su negocio de cuidado personal de 18 a 20 horas diarias. Pronto dejó de frecuentar a sus amigos y su familia no entendía sus ausencias, ya que para ellos estaba “desempleada”. También abandonó sus clases de pintura y baile y su pasatiempo favorito, el cine, dejó de tener cabida en su vida diaria.

Sin embargo, a pesar de todo el tiempo invertido y que en sólo dos años la empresa había crecido 50% su número de unidades en la Ciudad de México, la emprendedora notó que estaba ganando menos que al principio. ¿En dónde estaba el error?

“El problema del emprendedor es que se emborracha de éxito. Al carecer de un plan de trabajo su filosofía se vuelve el dicho ‘Como veo, doy’, es sobrepasado por la demanda y termina aborreciendo su negocio”, señala Ricardo Shahin. Es precisamente en ese momento que el coach recomienda hacer una pausa para responder estas preguntas:
¿Qué quiero?
¿Qué debo hacer para lograrlo?
¿Qué estoy dispuesto a “pagar” para alcanzar mis objetivos de negocio?
¿Qué no estoy dispuesto a hacer?

“El emprendedor debe desarrollar una estrategia de crecimiento en función a los clientes, siendo el más importante su cliente interno; es decir, él mismo”, afirma Shahin. En el caso de Iris, quería encontrar la solución a sus problemas de negocios, profesionalizarse y redefinir sus objetivos.

Que las cosas sucedan

Al estudiar Dirección General en el Ipade, Iris Sánchez encontró la guía de personas que ya habían pasado el transe de emprendedor a empresario dispuestas a compartir con ella experiencias y buenas prácticas. “Ahí aprendí a valorar la humildad para aceptar que me puedo equivocar y que los demás también pueden aportar valor a mi negocio”, cuenta. 

Algo que ayudó a Iris a recuperar su vida personal fue aprender a delegar. Esto la hizo redescubrir la importancia de invertir tanto en su preparación como en la de su equipo de trabajo. “Delegar es ordenar en consciencia y con consciencia sabiendo qué quiero de regreso. Y para delegar hay que tener objetivos claros y marcar los puntos de control”, explica Ricardo Shahin.

Gracias a que la emprendedora jamás dejó de prepararse para convertirse en una empresaria profesional, consiguió las herramientas necesarias para enfrentarse a la dirección del negocio y a su crecimiento. “Hoy cuento con un sistema de trabajo que me ayuda a tener el control de mi empresa”, comparte Iris. A decir de la empresaria, éste consiste en:

Trazar un plan de negocios.
Definir objetivos claros, medibles y alcanzables.
Incluir la capacitación propia y del personal dentro del presupuesto.
Motivar continuamente al personal.
No olvidar que todos tenemos aciertos y cometemos errores.

Al asumir el control de su negocio, Iris tuvo la oportunidad de trazar un horario de trabajo justo y retomar aquellas actividades que fomentan su crecimiento personal y profesional. “Mi día comienza a las 8:00 am en casa, ahí dedico un par de horas a organizar mi agenda. Llego a la oficina a las 10:00 am e invierto máximo nueve horas al negocio”, cuenta.

Para el coach Ricardo Shahin, una buena manera de evitar convertirte en esclavo es llevar a cabo las siguientes acciones:

Detente. Luego pregúntate ¿de verdad este es el negocio que tenías en mente?
Traza un plan de negocios. Revísalo, mínimo, cada mes.
Proyecta tu negocio. No olvides tener objetivos de negocios claros, medibles y alcanzables.
Prepárate. Desde revistas especializadas hasta diplomados y coaching, todo se vale.
Siempre trabaja pensando en la satisfacción de tu cliente. Sobre todo, no olvides a tu cliente interno (es decir: tú). 

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