Oct
30
2014

Emprender en la escuela

Antes de obtener su título, Elizabeth Aguirre prefirió graduarse como empresaria. Hoy busca opciones para replicar su idea de comida saludable.

Por Germán Sánchez Hernández
08-08-2013

Hace menos de una década, la mayoría de los universitarios sólo pensaba en una cosa al terminar la carrera: conseguir un buen trabajo. Ahora cada vez más se suman a una nueva tendencia: ser dueños de su propio negocio. Según un estudio realizado por LinkedIn en EE.UU., el 34% de los emprendedores arranca su primer proyecto entre los 20 y 29 años de edad. La buena noticia es que este fenómeno ya empieza a verse con mayor claridad en México.

Con sólo 21 años y cursando la carrera de Creación y Desarrollo de Empresas, Elizabeth Aguirre Moreno Valle decidió combinar sus clases y tareas con la pasión de su vida: hacer negocios. Así surgió Fast Fruit Factory, un concepto de islas comerciales de comida saludable dirigido a estudiantes universitarios. “Se trata de un servicio personalizado y con un menú flexible de jugos, ensaladas, chapatas, sándwiches y snacks, ideal para comer mientras continúas haciendo la tarea. También contamos con servicio de nutriólogo”, explica.

La primera sucursal se ubicó en el Tec de Monterrey Campus Puebla, el alma máter de “Liza”, como la llaman sus amigos. Fue tan buena la aceptación, que pronto abrió sucursales (de las que tuvo que cerrar dos). Actualmente, tiene tres unidades en operación y un centro de producción que las abastece.

El aprendizaje adquirido en la operación del negocio le sirvió no sólo para mejorar puntos clave de su modelo. También conquistó el segundo lugar del Premio al Estudiante Emprendedor 2012 organizado por la Entrepreneurs’ Organization (EO) y con ello calificó al certamen Global Entrepreneur Awards realizado en la Bolsa de Valores de Nueva York, EE.UU., donde obtuvo el Premio al Impacto Social.

Si bien para un estudiante emprendedor es difícil combinar los tiempos del negocio con los de la escuela, una vez que detecta una oportunidad ya no piensa en emplearse. “Está tan metido en su idea, que no ve otras opciones”, asegura Carlos Camacho, organizador del Premio al Estudiante Emprendedor en México y fundador de la empresa Ecoshell.

El concepto de Fast Fruit Factory surgió como una necesidad personal. “Me gusta comer sano y cuidar mi alimentación, pero en la universidad no había una opción de este tipo. Después, hice un sondeo entre mis compañeros y descubrí que realmente hacían falta alternativas saludables”, cuenta Elizabeth.

Esto coincidió con la apertura de espacios comerciales en una de las áreas de comida de su campus. “Nos asociamos cuatro compañeros de clase para presentar un proyecto que resolviera esta necesidad ante las autoridades universitarias y ganamos la licitación frente a marcas ya posicionadas”, explica la emprendedora. Sin embargo, a la hora de ejecutar la idea, los socios decidieron no continuar y Liza se quedó sola. Y su familia no le veía mucho potencial a su negocio.

Emprendedora multifunción

Pese a este panorama, abrió la primera sucursal. “Tuve que jugar todos los papeles, hasta de diseñadora y arquitecta. Es parte de ser emprendedor. Pero desde el principio tuve claro que no quería un changarrito, sino un concepto profesional y replicable que pudiera llevar a otras universidades”, señala. A lo que Camacho agrega: “alguien que es empleado espera a que su jefe encuentre la solución. El emprendedor está solo, por lo que él mismo busca alternativas. Y aunque es normal que cometa errores en el camino, también es posible que consiga detonar su crecimiento muy rápido”.

Emocionada por el éxito obtenido desde el arranque, Liza se animó a replicar su modelo en otras universidades de Puebla. “Abarcar mercados sin un estudio previo fue la razón que me hizo cerrar un par de unidades. Además, aún me encontraba estudiando y eso no me permitió controlar ciertas cosas; por ejemplo, dirigir un equipo integrado por 18 empleados”, señala la joven empresaria. Pero si bien no contaba con experiencia en negocios, tampoco se puede saber cuándo estás listo para emprender. Así que ella apostó por aprovechar la oportunidad.

Concursar por el Premio al Estudiante Emprendedor fue clave para que Liza se enfocara en mejorar los puntos débiles de su concepto. La primera vez que participó no tenía la idea clara, ni operaba bien; el segundo año aún le faltaba reforzar ciertos elementos; en la tercera ocasión se notó el cambio: renovó su imagen y definió su target específico. “Uno de los pilares a evaluar en el premio tanto a nivel nacional como global es el emprendedor, quien debe de tener capacidad y cualidades para ejecutar su idea. También debe transmitir la pasión por su negocio a su equipo”, explica Camacho.

Como cuenta la emprendedora, en el evento en Nueva York había concursantes de todas partes del mundo, con proyectos muy innovadores. “Y pensé: ¿qué hago aquí con mis jugos si los demás tienen proyectos brillantes?”, recuerda. “Finalmente, aprendí que no basta con tener una buena idea, hay que definir tu modelo de negocio completo, saberlo vender, compartir tu visión y, sobre todo, ofrecer una solución que ayude a la sociedad. En mi caso, a través de comida saludable para jóvenes universitarios”.

Hoy, Fast Fruit Factory cuenta con una imagen profesional y una estructura de negocios cada vez más sólida, sustentada en un modelo financiero bajo control, manuales de procesos y recetas, sistema de manejo de inventarios, capacitación de sus 13 empleados, contratos con proveedores y un centro de producción de alimentos. En esta nueva etapa, Elizabeth analiza la posibilidad de franquiciar su concepto o crecer bajo otro esquema. Y mientras tanto “curso una maestría, trabajo en la incubadora de mi universidad para apoyar a otros emprendedores y planeo publicar un libro”.

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