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Casi cometo un error
Al final de mi último post, les prometí algo que no hubiese prometido sin antes escribir las palabras, o, más certeramente, antes de que las palabras estuviesen en papel. Les prometí que este artículo -el que estás leyendo en este preciso momento- hablaría del pragmatismo del emprendedurismo, en lugar -como hice en el post pasado- de los ideales del emprendedurismo.
¡Pues qué vergüenza! Primero, por no cambiar la promesa una vez que apareció escrita frente a mis ojos. Y segundo, sin haber corregido tal omisión, por tratar durante los dos últimos días de escribir lo que les prometí que escribiría para después odiarlo y terminar borrando, borrando y borrando.
Sí, escribí este post tres veces antes de lograr la versión final. Lo debí saberlo desde antes.
Debí saber que al intentar escribir el “cómo hacerlo” para los emprendedores estaba violando la premisa del emprendedurismo como a mí me gusta pensarla. Que, al hacerlo, transformaría esta conversación entre nosotros en la misma conversación que usa cualquier autor de negocios para seducirte y atraer tu atención. Que al conjurar prácticas únicas de negocios que resultan tan arcaicas, inútiles, no demostradas y, desafortunadamente, tan estimulantes, mucho antes de que pudieras siquiera darte cuenta, estarían atrayéndote hacia un callejón sin salida del que no podrás salir fácilmente pues esperas descubrir el santo grial de los emprendedores.
La verdad es muy diferente a eso. Así que, si estás muy preocupado por el tema del “cómo”, estás en el lugar equivocado.
¡No sabes qué alivio siento!
Este artículo no es una lista del mandado. No es la descripción del paso 1, y luego del paso 2. Este artículo es la liberación de las reflexiones de un hombre (las mías), que ha tenido experiencias deleitantes y otras odiosas en su paso por este mundo.
Quisiera con esto tocar el lugar en ti donde ya estás harto de las tonterías cotidianas que has atraído en momentos de debilidad, de depresión, de ira o de vanidad, en momentos de distracción o desesperanza.
He estado ahí muchas veces. He experimentado el perderme en el acto de la creación, descubriendo al final del proceso que he perdido la conciencia de los pasos para llegar a mi meta. He sido cautivo en una dialéctica tan poco amigable y tan extranjera a todo lo que la precedió que me he encontrado preguntándome si acaso soy un lunático y lo imaginé todo.
He pensado que nada de lo que precedió a mi confusión existió. Muchas veces me pregunto a mí mismo si estoy loco. Creía estar tan seguro de cada paso que di. ¿Cómo puede ser esto entonces?, pienso. ¿Cómo puede ser cualquiera de estas cosas?, me pregunto constantemente. Y, aun así, aquí estoy escribiéndoles esto a ustedes después de publicar tres libros. Pero incluso así estoy seguro de que en un momento oscuro pondré toda mi vida en duda. Toda mi exitosa vida será puesta en duda. Al igual que la tuya.
Eso es lo que es el emprendedurismo, querido lector y amigo (me imagino que puedo llamarte así). ¿Acaso es esto pragmático? Y si no, ¿qué lo es?, ¿existe siquiera algo pragmático en el mundo?
En su último post, Michael Gerber prometió hablar del pragmatismo al emprender. Pero cayó en una gran equivocación.
Al final de mi último post, les prometí algo que no hubiese prometido sin antes escribir las palabras, o, más certeramente, antes de que las palabras estuviesen en papel. Les prometí que este artículo -el que estás leyendo en este preciso momento- hablaría del pragmatismo del emprendedurismo, en lugar -como hice en el post pasado- de los ideales del emprendedurismo.
¡Pues qué vergüenza! Primero, por no cambiar la promesa una vez que apareció escrita frente a mis ojos. Y segundo, sin haber corregido tal omisión, por tratar durante los dos últimos días de escribir lo que les prometí que escribiría para después odiarlo y terminar borrando, borrando y borrando.
Sí, escribí este post tres veces antes de lograr la versión final. Lo debí saberlo desde antes.
Debí saber que al intentar escribir el “cómo hacerlo” para los emprendedores estaba violando la premisa del emprendedurismo como a mí me gusta pensarla. Que, al hacerlo, transformaría esta conversación entre nosotros en la misma conversación que usa cualquier autor de negocios para seducirte y atraer tu atención. Que al conjurar prácticas únicas de negocios que resultan tan arcaicas, inútiles, no demostradas y, desafortunadamente, tan estimulantes, mucho antes de que pudieras siquiera darte cuenta, estarían atrayéndote hacia un callejón sin salida del que no podrás salir fácilmente pues esperas descubrir el santo grial de los emprendedores.
La verdad es muy diferente a eso. Así que, si estás muy preocupado por el tema del “cómo”, estás en el lugar equivocado.
¡No sabes qué alivio siento!
Este artículo no es una lista del mandado. No es la descripción del paso 1, y luego del paso 2. Este artículo es la liberación de las reflexiones de un hombre (las mías), que ha tenido experiencias deleitantes y otras odiosas en su paso por este mundo.
Quisiera con esto tocar el lugar en ti donde ya estás harto de las tonterías cotidianas que has atraído en momentos de debilidad, de depresión, de ira o de vanidad, en momentos de distracción o desesperanza.
He estado ahí muchas veces. He experimentado el perderme en el acto de la creación, descubriendo al final del proceso que he perdido la conciencia de los pasos para llegar a mi meta. He sido cautivo en una dialéctica tan poco amigable y tan extranjera a todo lo que la precedió que me he encontrado preguntándome si acaso soy un lunático y lo imaginé todo.
He pensado que nada de lo que precedió a mi confusión existió. Muchas veces me pregunto a mí mismo si estoy loco. Creía estar tan seguro de cada paso que di. ¿Cómo puede ser esto entonces?, pienso. ¿Cómo puede ser cualquiera de estas cosas?, me pregunto constantemente. Y, aun así, aquí estoy escribiéndoles esto a ustedes después de publicar tres libros. Pero incluso así estoy seguro de que en un momento oscuro pondré toda mi vida en duda. Toda mi exitosa vida será puesta en duda. Al igual que la tuya.
Eso es lo que es el emprendedurismo, querido lector y amigo (me imagino que puedo llamarte así). ¿Acaso es esto pragmático? Y si no, ¿qué lo es?, ¿existe siquiera algo pragmático en el mundo?
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