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24
2014

Construye una empresa de clase mundial

Héctor Robledo Cervantes mejoró la forma de construir en México y, por su liderazgo, su empresa hoy forma parte del Foro Económico Mundial. Conoce su historia.

Por Marisol García Fuentes
06-14-2010

Héctor Robledo Cervantes está seguro de que un día su empresa se convertirá en una compañía global. “Todo es cuestión de tiempo”, dice. “Roma no se hizo en un día, es cosa de ser persistente, marcar tus objetivos y saber hacia dónde te diriges”.

Fue con esa convicción que el emprendedor desarrolló, en poco más de 20 años, un corporativo dedicado a la comercialización y colocación de materiales prefabricados para la construcción, con más de 2,000 empleados y una facturación de US$100 millones anuales.

La especialidad de HRC Corporación es la distribución e instalación de sistemas prefabricados de paneles de yeso, plafones acústicos y alfombras modulares. Hoy, esta empresa 100% mexicana tiene una participación del 20% en el mercado y alcanzó un crecimiento anual del 30% durante los últimos 10 años.

Fueron estas cifras las que llamaron la atención del Foro Económico Mundial, que en 1997 invitó a la compañía a formar parte del grupo Global Growth Companies. Para ingresar, una empresa tiene que cumplir cuatro requisitos: tener un crecimiento mínimo del 15% anual, facturar entre US$100 y US$5,000 millones, jugar un rol de liderazgo reconocido y tener perspectivas de crecimiento global.

Luego de una competencia en la que participaron cerca de 40 organizaciones mexicanas, HRC Corporación se convirtió en miembro formal del grupo el año pasado. El emprendedor –también vicepresidente nacional de la Asociación Scouts de México– ha logrado así codearse con directivos de grandes compañías a nivel mundial. Como James Turley, presidente y CEO de Ernst & Young en Estados Unidos, de quien aprende cómo manejar mejor su empresa y crecer como líder.

Oportunidad a la vista

¿Cuál es el secreto del éxito de Robledo Cervantes? Sin duda, descubrir un nicho de mercado con potencial, apostar por la especialización y trabajar siempre por ser el mejor.

Desde sus oficinas corporativas, localizadas en Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México, el empresario recuerda que la aventura no fue fácil. La firma nació en 1987, con cinco personas en la nómina y pequeños proyectos de obra y mantenimiento.

El antes y el después del negocio fue en 1993, cuando Robledo Cervantes detectó que si bien los muros falsos de yeso, conocidos como tablaroca, ya se usaban en México, se instalaban con un bajo nivel de calidad.

“Nos dimos cuenta que no había profesionalización en este segmento y creamos una cadena de valor en este subsector de la industria de la construcción”, dice.

Un año después, con el antecedente de trabajos realizados para bancos y tiendas de autoservicio, la compañía ganó la licitación para la construcción de las oficinas corporativas de Coca-Cola en México.

El directivo recuerda que al ver los planos se percataron del alto nivel de detalle y especialización que requerían. Y es que la matriz de la refresquera exigía niveles de calidad no vistos hasta ese momento en el país. Y a pesar de considerarse expertos en sistemas prefabricados (también trabajaban con plafones acústicos que absorben el sonido), se dieron cuenta de todo lo que les faltaba por aprender.

“Esta experiencia nos ayudó para detectar que había muchas oportunidades de mejora. No fue fácil pero terminamos una obra de excelencia, con trabajos de calidad, limpieza y entrega a tiempo”, relata Robledo Cervantes.

La felicitación del propio director del proyecto de Coca-Cola les abrió la puerta a un nuevo mercado: las oficinas corporativas. Así, la empresa participó en la construcción de la Torre Mayor, la Torre Esmeralda y los centros de negocios de Banamex, Bancomer, Avantel y General Electric, ubicados en el Distrito Federal.

De hecho, el arquitecto calcula que entre 1995 y 1997 HRC construyó los interiores del 50% de los corporativos que se levantaron en la zona de Santa Fe de la Ciudad de México.

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En 1998 la firma descubrió que además de los muros y plafones podían terminar de vestir los espacios con alfombras modulares, que se colocan en bloques y son más fáciles de reemplazar.

“Había una nueva forma de agregar valor con un producto renovado. Fuimos de los primeros en traer estas alfombras al país. Ya estábamos dentro de la oficinas, sólo faltaba forrarlas”, comenta Robledo Cervantes.

Al final, el emprendedor siempre aprovechó las oportunidades que se presentaban, y sobre todo trabajó para posicionarse como una parte fundamental de la cadena de valor de las grandes constructoras.

El siguiente descubrimiento fue que sus clientes tenían una necesidad más sin atender: dónde abastecerse de materiales de calidad.

“Nadie daba este servicio. Había negocios poco especializados en la materia y decidimos entrar a este nicho poniendo especial atención al control de inventario y la capacitación del personal”.

Fue en 1996 cuando la empresa abrió su primera tienda de materiales. Después de 14 años, hoy suman 90 en México, Belice y el sur de Estados Unidos.

La compañía mantiene un estricto control de sus sucursales mediante un sistema que le permite monitorear el movimiento de su inventario en tiempo real, con lo que evita desperdicios y pérdidas. Además, vende a bajo costo pero en gran volumen.

“Lo que nos hizo crecer fue enfocarnos en ser lo más profesional posible y en constituirnos como una firma con capacidad para aceptar grandes proyectos”, asegura el directivo. “Como en la vida, cada quien debe asumir su parte y comprometerse a cumplir sus responsabilidades”.

Como la cabeza de la organización, Robledo Cervantes se encarga de detectar las oportunidades. “Yo creo los juegos y mi equipo los juega, ya que no puedo hacer todo”, explica. “No tengo la capacidad ni las habilidades que tiene un artesano –como lo es el tablaroquero–, pero sí puedo decirles qué hacer y apoyarlos para que sean más eficientes en su trabajo”.

Siendo así, el capital humano constituye uno de los capitales más importantes de todo negocio, afirma el directivo.

El empresario considera además que en la medida en que una empresa crece, necesita establecer claramente cuáles son sus principios y valores. Y que de acuerdo a esa ética es que se va incorporando a las personas adecuadas, que responden a las necesidades de la compañía.

Una empresa ágil
Para posicionarse como una de las firmas más rentables del sector, HRC tuvo que ser capaz de responder a cambios drásticos en el corto plazo, como cuando llegó la crisis económica de 2008 y el ramo de la construcción pareció detenerse.

“Se debe tener en claro que el mundo cambia constantemente y que las organizaciones no podemos ser estáticas. Tenemos que transformarnos y adaptarnos y esto sólo es posible cuando el consejo de administración y el directivo tienen bien definido su rumbo y son capaces de pasar los asuntos a las personas correctas”, dice Robledo Cervantes.

Pero para lograrlo, es necesario que el líder de una empresa sea humilde y objetivo, sepa escuchar, trabajar en equipo y aceptar que un colaborador le indique una equivocación.

Por eso, en HRC todos tienen permitido cometer errores siempre y cuando puedan repararlos. “Aprendimos haciendo las cosas. Quien no se equivoca es porque no está haciendo nada o sólo está realizando una labor mecánica”, subraya el empresario.

Otro punto clave ha sido la diversificación. Si bien la firma continúa trabajando en oficinas corporativas, decidió enfocarse en otros sectores del ramo de la construcción como consecuencia de la situación económica. Así, HRC Corporación sumó en total cuatro líneas de negocio: construcción y equipamiento; retail; servicio de mantenimiento a los sectores hotelero, comercial y de oficinas; y nuevos proyectos, como la construcción y operación de un hotel en Acapulco. “Nuestro siguiente paso es crecer en Centroamérica”, adelanta el emprendedor.


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