Qué tipo de crédito te conviene
Por Víctor Calderón 01-11-2011 Conoce las opciones de financiamiento en el mercado y elige la ideal para arrancar o crecer tu negocio.
El historial de crédito, tu mejor referencia
Consigue el crédito que necesitas
Cómo elegir el crédito para tu negocio
Obtén un microcrédito para tu negocio
Créditos a tu medida. Semana PYME 2009 (Parte 1)
Consejos para pedir un crédito bancario
Mantén limpio tu historial de crédito
Prepárate para pedir un crédito
A pesar de la problemática mundial y de la inestabilidad de los
mercados, la banca en nuestro país es sólida y los niveles de
capitalización de todo el sistema financiero incluso son más altos de lo
requerido. Otra realidad es que entre las subsidiarias de los grandes
bancos internacionales, México es de los países más rentables del mundo.
También es un hecho que las instituciones financieras seguirán
prestando al segmento Pyme (pequeñas y medianas empresas), debido a que
el nivel de cartera vencida es mínimo. Esto, al final, resulta un
negocio rentable para quienes ofrecen financiamiento.
Existen
opciones para todos. Dependiendo del apetito de riesgo de la
institución financiera, esto fijará la tasa. Si la estructura financiera
de la compañía solicitante se ve espectacular, va a haber más postores
que le quieran prestar y esto va a redituar en menores tasas. Pero si no
se ve tan bien, se reduce el número de jugadores. Aún así hay
alternativas para fondear a estos negocios, como las Sofomes y arrendadoras (que son más agresivas y prestan a tasas más altas).
Antes de saber qué tipo de crédito te conviene,
hay que definir este término: es el dinero en efectivo que recibimos
para hacer frente a una necesidad financiera y que nos comprometemos a
pagar a un plazo determinado, a un precio determinado (interés), con o
sin pagos parciales y ofreciendo de nuestra parte garantías de
satisfacción a la entidad financiera (para asegurar el cobro del mismo).
Todos los créditos que hay en el mercado se pueden englobar en alguna de estas dos categorías:
1. Crédito en cuenta corriente.
Se define como financiamiento para capital de trabajo o necesidades
transitorias de tesorería mediante el cual la empresa solicitante puede
disponer de forma revolvente del saldo establecido en su contrato de
crédito. Normalmente es a un año y sirve para financiar tu ciclo
operativo: cuentas por cobrar o clientes más tus inventarios, menos lo
que obtienes de financiamiento de tus proveedores.
La idea es que
lo tomes, lo pagues y lo vuelvas a tomar; es decir, existe revolvencia.
Estos créditos son líneas –que también se pueden documentar por medio
de un contrato– y su destino es totalmente libre. Cada mes pagas
intereses y en algún momento durante la vigencia de tu línea tienes que
cubrir el total del capital –ya sea que esté pactado que a los seis,
nueve o 12 meses–. Así, al final puedes volver a ocuparlo.
El
crédito para capital de trabajo es la modalidad más popular dentro de
los créditos en cuenta corriente. Éste sirve para cubrir necesidades de
corto plazo (menos de un año). Por ejemplo: comprar inventarios o
materias primas, pagar sueldos y salarios, cubrir gastos de operación de
la empresa y financiar a tus clientes.
Es importante señalar
que lo peligroso es que dado que el destino es libre, se da mucho el
caso que la gente utiliza esta opción para necesidades que no son de
corto plazo, como la adquisición de una máquina o instalaciones. Grave
error, porque como se trata precisamente de líneas de corto plazo, de
repente se vienen los vencimientos de capital y no tienes los recursos
para hacerle frente al cumplimiento de tus obligaciones.
2. Créditos simples.
Financiamientos a mediano y largo plazo que son documentados mediante
contratos y que son para personas físicas o morales con el objetivo de
apoyar su actividad económica. Este tipo de créditos tienen un fin
específico, esto significa que ya se tiene claro lo que se va a
financiar. En este caso, son contratos y no líneas como los créditos en
cuenta corriente.
El plazo va desde 18 meses hasta 15 años (en
algunos bancos). Y existen diferentes modalidades de pago de capital:
puedes hacerlos de forma mensual, trimestral, semestral o incluso anual.
El pago de intereses es normalmente mensual.
Puedes tener un
crédito simple –llamado crédito de capital de trabajo permanente–, en
donde el destino es libre. Sin embargo, la finalidad es financiar tu
capital de trabajo cuando tu ciclo operativo es mayor a un año; por lo
que, quizá el plazo sea a tres años. De esta manera, se convierte en un
crédito simple.
Elige la mejor opción
La clave para saber qué crédito utilizar (crédito en cuenta corriente o simple) dependerá de qué vas a financiar.
Si
es para necesidades de capital de trabajo de menos de un año, entonces
la respuesta es un crédito en cuenta corriente; si tu ciclo operativo es
mayor a un año, la opción es un crédito de capital de trabajo
permanente a tres años.
Si vas a adquirir una máquina,
pregúntate: ¿en cuánto tiempo los ahorros que me generará esta compra o
las ventas incrementales obtenidas me van a permitir pagar la máquina?
Tradicionalmente, la respuesta es entre tres y cinco años. Por lo tanto,
el plazo mínimo que debes buscar es de tres años.
Hablando de créditos para comprar maquinaria, mobiliario y equipo hay opciones específicas:
Crédito simple.
Crédito de capital de trabajo permanente.
Crédito refaccionario.
Crédito de habilitación o de avío.
Arrendamiento financiero o arrendamiento puro.
Por
ejemplo, el crédito refaccionario te conviene para comprar una máquina o
equipo de transporte porque está enfocado en fortalecer o incrementar
los activos fijos del negocio. Y el mismo bien que adquieres se queda
como garantía.
Ahora bien, si quieres acondicionar un local o
nuevas oficinas, necesitarás hacer obra civil. Asimismo, bajo estas
circunstancias hay que pagar un guante, que es el derecho que te cobran
por rentar un local y que es común en las plazas comerciales muy
demandadas. La pregunta es la misma: ¿en cuánto tiempo ese local
adicional te permitirá recuperar la inversión?
Y la respuesta es
entre tres y cinco años, dependiendo del giro del negocio. Para el pago
de guante, remodelaciones de locales u oficinas, dispones de opciones
como capital de trabajo permanente o un sale and lease back –que es un
arrendamiento financiero en el cual tú le puedes vender activos al banco
y éste te los renta de regreso–. Con este último consigues financiar
destinos libres de largo plazo.
Recuerda que siempre el plazo de
los créditos va en función de las garantías. De este modo, puedes logar
un plazo de máximo cinco años sin necesidad de dar una garantía
hipotecaria, tal vez con la garantía de una máquina, mobiliario o equipo
de transporte.
Si el plazo es mayor a cinco años, sigue siendo un crédito simple, pero lo más común es que te pidan una garantía hipotecaria.
En este caso, puedes solicitar financiamiento para comprar oficinas,
una planta o nave industrial, y ahí la garantía es el mismo bien que vas
a financiar (destino del crédito).
Cuando vas a reestructurar
tus pasivos, se estila dar una garantía hipotecaria. De repente ya no
puedes pagar o tus vencimientos son de corto plazo; aquí la solución es
buscar un crédito quizá a 10 años, donde tus amortizaciones de capital
se vuelven más chicas y eso te facilita el pago. Si bien debes dar una
garantía
hipotecaria, así puedes tener créditos de largo plazo y también reestructurar tus pasivos.
Crack de negocios
Marco Antúnez es editor de la revista Entrepreneur
Vida emprendedora
Laura Suárez Samper es directora editorial de la revista Entrepreneur México
Replicando el éxito
El consultor Juan Manuel Gallástegui te da tips para tu franquicia
Mundo de franquicias
El videoblog de Ferenz Feher, consultor y experto del sector
El inconformista
Diego es máster en Emprendedurismo y trabaja en Spotify
Detrás de cámaras
Belén Gómez-Pereira es editora de SoyEntrepreneur
Street Talk
Michael E. Gerber es gurú en el mundo del emprendimiento.
Los billetes de Picasso
Raúl Alfaro Segovia es experto en tendencias y economía creativa.